Nunca se me dieron bien las despedidas …
De hecho siento que llevo media vida despidiéndome de unos y de otros sin que nada pueda hacer para que se queden.
Quizá sea yo la que se vaya algún día, aunque de momento sigo aquí, viendo pasar los trenes, los pasajeros, las estaciones, los sentimientos … y los observo, ausente, como si el mundo no formara parte de mi o como si mi vida ya no fuera una pieza más de este puzzle.
Siento que me he congelado (sin embargo, no siento el frio). Es una técnica que utilizo cuando debo decir adiós y mi alma se resiste a ello. Grita, grita y grita incesante aunque ya nadie la escucha. No entiende porque debe decir adiós aún sintiendo tanto amor. Yo no se lo puedo explicar … porque tampoco lo entiendo…
Sigo deseando no tener que despedirme más …
Sigo creyendo que algún día seré yo la que se marchará …
Aunque de momento sigo aquí, en este vagón de tren … con poco más que decir …
En una carta sólo escribo: Gracias …
Esta vez sí me atreveré a enviarla, éste sí que es el final.




